“Ningún amigo como un hermano. Ningún enemigo como un hermano” (proverbio indio).
En el caso de Astorga y León, dos ciudades bimilenarias, ricas en patrimonio y separadas por apenas 45 kilómetros, el desacuerdo surge en torno a la Vía de la Plata, que en tiempos de los romanos unía las actuales Mérida y Astorga. Desde León se promueve una “Ruta de la Plata” más falsa que un denario de madera, y el Ayuntamiento de Astorga ha reaccionado boicoteando un acto de promoción de la misma. ¿Cómo? Repartiendo a la prensa una carpeta con documentación sobre la historia del trazado.
A raiz de esta acción el Alcalde de León, Francisco Fernández (PSOE), lanzó una indirecta al Alcalde de Astorga, Juan José Alonso Perandones (PSOE): “No me gustaría que la ciudad de la que fuese alcalde fuera un referente porque su regidor se dedique a reventar actos de otros municipios“ (fuente). La respuesta no se hizo esperar.
La cuestión de fondo es: ¿quién boicotea a quién? Desde mi humilde punto de vista el Ayuntamiento de León, junto con los de Gijón, Cáceres o Sevilla, se está valiendo de sus recursos para falsear la historia en detrimento de localidades como Astorga. Ese es el verdadero boicot, y llama especialmente la atención viniendo de Francisco Fernández, que ha hecho las siguientes declaraciones (entre otras muchas):
“Estamos viendo a una Junta de Castilla y León, gobernada por el Partido Popular, en la que sólo hay un objetivo, que es Valladolid y, como mucho Burgos y un poquito Palencia”, manifestó el alcalde, quien añadió que “nosotros queremos un futuro para esta provincia, que sea viva y en la que la gente joven no se vaya” (fuente).
¿Quién le ha nombrado portavoz de la provincia?
Como astorgano que lleva más de 10 años viviendo en León este enfrentamiento me parece absurdo y contraproducente se mire como se mire. Es malo para Astorga y es malo para León. Lo que tengo bastante claro que, ante atropellos como éste, la única respuesta posible es el contra-boicot: contra las mentiras, información; contra las falsedades, más información. Y si a alguien le pica, que se rasque.
Ojalá Perandones se moviera con la misma habilidad a la hora de reclamar el cumplimiento de compromisos por parte del Gobierno Central, que sigue alargando los plazos en el caso del Centro Cultural Lyda, una infraestructura que Zapatero llevaba en su programa ya en 2004.