Los días 5, 6 y 7 de diciembre Astorga se convertirá en capital europea de la recreación histórica; más de 400 figurantes llegados desde distintos puntos del continente representarán dos batallas sucedidas hace doscientos años, para lo que establecerán en distintos puntos de la ciudad un total de tres campamentos militares: uno español, uno inglés y uno francés. El vestuario y la ambientación permitirán revivir uno de los momentos más recordados de la historia astorgana, los sitios sufridos durante la invasión francesa y algunos episodios gloriosos de la Guerra de la Independencia.

Sería muy largo recoger aquí los episodios que merecen ser contados, por lo que me referiré apenas a los dos más conocidos: la estancia de Napoleón en Astorga y la negativa a capitular del húsar Tiburcio.

El 31 de diciembre de 1808, y tras tomar el mando de los 250.000 soldados desplegados en España, Napoleón Bonaparte puso pie en Astorga, la ciudad más occidental que vio al flamante Emperador, temido y respetado por igual en toda Europa. Apenas hubo llegado recibió un despacho urgente con malas nuevas: Austria le había declarado la guerra. La noticia le hizo cambiar de planes y volver a Francia, pero durante 3 días se convirtió en el okupa más ilustre de la ciudad. Poco se sabe de las ocupaciones del Emperador durante estos días: que ordenó el fusilamiento de dos criados sospechosos de matar a 5 franceses es seguro, y si nos fiamos de la leyenda urbana hemos de creer que el propio Napoleón pudo ser el sexto asesinado. Aparentemente un familiar del prelado asturicense estuvo tentado de poner fin a la vida del Emperador mientras descansaba frente a la chimenea; el propio Obispo le habría hecho desistir, cambiando para siempre el rumbo de la Historia.

El húsar Tiburcio tuvo su momento de gloria el 22 de abril de 1810; después de un sitio que se prolongó por espacio de 6 meses, agotadas las municiones y hambrienta la población, el Gobernador Santocildes optó por reconocer la victoria francesa y entregar la plaza. El General Junot concedió a las tropas que habían defendido la ciudad la más honrosa de las capitulaciones posibles habida cuenta del valor y la entereza mostrados. Cuando hubieron entregado las armas, y mientras abandonaban Astorga, uno de los heroicos defensores, el Húsar Tiburcio, rompió la formación y, al grito de “Yo no capitulo”, se lanzó a por los soldados franceses. Fue fusilado antes del anochecer.

Otro día hablaré de algunos episodios de la Guerra de la Independencia poco conocidos y de los que tampoco se ha hablado mucho en los próximos meses. Será después de las jornadas napoleónicas de Astorga, a las que acudiré en busca de inspiración.