Hace un par de días leía que 8 de cada 10 superdotados españoles son hombres. Los medios recogen las declaraciones de Javier Achirica, presidente de MENSA, que asegura que es una cuestión social:

[...] en España socialmente aún no está bien visto que las mujeres sean inteligentes y muchas optan por callárselo, no demostrarlo o incluso no le dan importancia.

Más allá de que el señor Achirica esté o deje de estar en lo cierto, me gustaría recordar aquí la vida de Hildegart Rodríguez Carballeira, quizá la más inteligente de las mujeres españolas que no han tenido miedo de demostrarlo.

Hildegart fue la plasmación de un proyecto largamente acariciado por la anarquista gallega Aurora Rodríguez Carballeira: criar y educar a una mujer del futuro. Su padre era un capellán castrense atraído por la idea de engendrar un ser superior, pero no tuvo oportunidad de participar en el experimento más allá de la concepción y alguna visita ocasional a la niña durante sus primeros años de vida. Aurora, feminista militante que odiaba visceralmente a los hombres, cortó de raiz cualquier atisbo de influencia masculina.

Por sorprendente que parezca, los planes de Aurora se cumplieron inicialmente: Hildegart aprendió a leer a los 3 años, hablaba 4 idiomas a los 10, terminó el bachillerato a los 13 y a los 17 se había licenciado en Derecho para comenzar sus estudios de Medicina. La joven era una activa militante socialista desde los 14 años, y a los 18 ya había publicado varias obras en las que reivindicaba la sexualidad femenina, el control de la natalidad, etc. Hildegart era, además, una brillante oradora, aclamada en cada ocasión y cada vez más conocida y solicitada.

Su actividad intelectual y política crecía de forma imparable, y comenzó a intercambiar correspondencia con algunas de las mentes más privilegiadas de Europa, desde H. G. Wells hasta Havelock Ellis. En 1932 fue expulsada del Partido Socialista por criticar la decisión de la dirección del partido de pactar con un candidato reaccionario; se enroló entonces en las filas del Partido Federal, convirtiéndose en azote de los “socialenchufistas“. Este despertar político coincidió con otro de carácter biológico; la joven mantuvo una breve relación con Abel Velilla, también militante del Partido Federal.

Aurora, consciente de que había perdido cualquier tipo de control sobre “su” criatura, la amenaza con suicidarse si se independiza. Paradójicamente, y contraviniendo los más elementales principios feministas, la mujer del futuro que Aurora imaginaba no podía ser independiente. Previendo que su éxito en todos los ámbitos la llevara lejos del ático de Madrid que ambas compartían, Aurora tomó la decisión de poner fin a su experimento acabando con la vida de su hija: una noche, mientras Hildegart dormía, entró en su habitación y le pegó cuatro tiros, tres en la cabeza y uno en el corazón. La joven tenía 19 años y toda una vida por delante.

La vida de Hildegart Rodríguez Carballeira, convertida en libro primero y en película más tarde, inaugura la sección de Historias para no dormir, en la que recogeré episodios históricos de la España profunda que me llamen la atención por cualquier motivo.

Más información en hoymujer.com y en WikiPedia.

PD: el libro “Aurora de sangre” está descatalogado, y la película, “Mi hija Hildegart“, no es fácil de encontrar.