Podríamos definir la reputación online como la información “visible” en la red sobre una marca, una persona o un lugar. Visible significa, obviamente, bien posicionada en buscadores; es decir, la reputación online depende no solo de la imagen que proyectamos en la red sino también de la opinión que de nuestra imagen tienen terceras personas. Con la importancia creciente que está cobrando Internet no es de extrañar que cada vez exista una mayor conciencia de la necesidad de gestionar la reputación en la red.

Lo cierto es que la gestión de la reputación online no es nada nuevo; distintas empresas llevan años ofreciendo este servicio en sectores como el turístico, donde una mala opinión bien posicionada puede truncar muchas ventas y dañar gravemente la imagen de una marca o de una persona. En estos casos se suele afrontar la cuestión desde dos puntos: por un lado se analizan las opiniones negativas para identificar y corregir el presunto problema, y por otro se intenta dar más “visibilidad” a las opiniones positivas o a la versión oficial de estos asuntos, que suele ser más benevolente. Es en este segundo aspecto donde se vuelve crucial contar con los servicios de un buen SEO.

Lo cierto es que el tema me ha venido a la mente leyendo la siguiente noticia de elconfidencial.com: “¿Demasiados insultos? Lavar su imagen en Internet cuesta 300 euros“, que parece más bien un publirreportaje encubierto para una empresa, Identidad Legítima, lanzada hace una semana por Francisco Canals, muy conocido en determinados ámbitos por cuestiones como el cierre del blog de Ricardo Galli, motivado por unas líneas del profesor de la UIB sobre el Observatorio Español de Internet, un organismo con más presencia de la deseable en los medios desde mi humilde punto de vista.

Identidad Legítima propone, según leo en elconfidencial.com, lo siguiente:

Dado que no se puede hacer nada contra alguien anónimo que insulta, lo lógico es atacar con la misma herramienta: creando contenidos positivos de su realidad presencial. Para ello se proyecta en Internet la identidad explotando todas las facetas del cliente: se le crea un ‘.com’, una identidad corporativa, se expone su faceta profesional… y se sigue un trabajo de multiplicación abriendo el perfil hasta en 50 páginas diferentes llenando la red de contenidos positivos. Luego damos de alta a la persona en páginas denominadas de alta virulencia tales como Twitter, Facebook o Tuenti; redes sociales de alta relevancia y puntuación en los buscadores de Internet. Google posiciona naturalmente estas cuentas en las primeras posiciones a la vez que desplaza los contenidos injuriosos o negativos procedendes de páginas más secundarias, y, al trasladarlo a la segunda página, el 90% está ganado porque sólo el 10% de las personas llega a la segunda página de Google.

Dicho de otro modo, lo que Identidad Legítima se ofrece para realizar, previo pago, una concienzuda labor de creación de contenido duplicado; por si esto fuera poco, parece que no tienen demasiado clara la diferencia entre virulento y viral. Personalmente no tengo muchos problemas en lo que a mi reputación online se refiere, pero si algún dia me veo en esa situación tengo muy claro a qué empresa no voy a acudir.